sábado, 22 de abril de 2017

RECORDATORIO

Para los que no me conocen soy una amante de los animales y tengo una manada mixta de seis miembros. 
El miércoles 12 de la semana santa, una de mis gatitas kiara (la hogareña) se extravió. Salimos al veterinario para que pudiese esterilizarlas a ella y a Luna (la aventurera) y al bajar del coche kiara saltó de la bolsa en las que las transportaba y asustada se escondió no supe dónde. Encerré a Luna en el coche y emprendí mi búsqueda, duré una hora, pregunté a cada persona que me encontré, hasta una señora (a la que le compro agua para beber por cierto) me ayudó a buscar sin éxito. 

Regresé a casa a dejar a Luna, me solté en llanto y me culpé. Pasados 20 minutos decidí regresar y dar mi teléfono a todas las personas de esa cuadra, no quería rendirme así que busqué de nuevo con el mismo resultado que la primera búsqueda, hasta que, tuve que volver a casa de cuerpo, pues mi mente, espíritu y el apetito incluido se quedaron en ese espacio tiempo. 

Al día siguiente, justo desperté y salí a buscar de nuevo, no quería rendirme, simplemente no podía. Caminé un rato por la zona, compré algo de fruta que me hacía falta y de regreso a casa con el corazón hecho cachitos, clamé a mi Dios pidiendo perdón porque hacía mucho que lo había ignorado. 

Iba conduciendo muy lento porque las lágrimas me impedían la visibilidad, y justo ahí en plena desesperanza veo un bulto blanco correr por media carretera y un coche le pasa encima, paré el coche en seco, abrí la puerta el coche que venía del otro carril frenó fuertemente para no golpearme y estaba ahí gimiendo, la había encontrado.

La veterinaria más cercana me envió a otra veterinaria para resolver mi problema ( admiro su honestidad) con mi "cachetitos" en las piernas, conduje hasta llegar pasados 40 minutos exactamente a mi destino gracias a mi GPS. En el trayecto decreté que por haberla encontrado se salvaría.

Me atendieron de inmediato, radiografía, anti inflamatorios... Y su ahora médico, programando la cirugía.  Ahí se quedó, salí, subí al coche, oré y confíe. Pese al pronóstico difícil que teníamos. 

Lunes 17 de abril, 9:34 am. El médico me marca para avisarme que todo ha salido bien, que puedo ir por ella.  
Ahora está en casa, recuperándose de una fractura en cadera y esguince en la pata izquierda trasera. Y yo, simplemente recordé quien era, pues hacia mucho tiempo que también me había extraviado y me buscaba con desesperación.

Dios sigue vivo en mi corazón.