Nací en un núcleo familiar matriarcal. Crecí teniendo tres madres y tres padres, porque viví en casa de mis abuelos paternos, pero recibí educación de mis abuelos maternos y también de mis padres biológicos al unísono. No hubo posibilidad aunque hubiese querido de sentir a alguno de ellos como abuelos - aunque supiera que lo eran - la convivencia, respeto y obediencia a cada uno era exactamente la misma. Eso permitió que tuviera una percepción del mundo híbrida.
¿Hibrida? - Bueno, me gusta describirlo de esa forma porque no logro hacerlo de otra- Mis creencias, sentimientos y pensamientos emergen de acuerdo a situaciones como si tuviese múltiples personalidades, por ejemplo, pienso que el cuerpo humano es hermoso, no me incomoda la desnudez de alguien o la propia, la veo muy natural; a su vez, si me expongo siento culpa, si veo a alguien exponiéndola sin pudor o limitación, la juzgo de sinvergüenza. Mis actos y mis pensamientos no son amigos siempre.
Admitiré que esa dicotomía me acarrea conflictos existenciales que me sitúan en medio, ni disfrutar ni odiar. En un constante va y ven.
Crecí con la idea de "no seas cuachalota, eres mujer", "sírvele a tu padre, como es posible que él tenga que servirse la comida", "tu no sales sola porque eres mujer... Y así, una infinidad de pensamientos sobre lo que si debía o no, por ser mujer.
Ahora me sorprendo renegando de esas cosas que no me gusta hacer porque pienso que no son necesarias ni beneficiosas, sin embargo, con todo y reniego, le sirvo a mi pareja, le cocino porque no sabe hacerlo por cuenta propia, le atiendo, y al final, termino frustrada y desilusionada de mí.
Nacer mujer no es el problema, es lo que me permito que pase conmigo.
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